Crónica de los meses que cambiaron la vida del municipio, desde la llegada del virus a México hasta el inicio de la vacunación en adultos mayores.
CACALCHÉN, YUC.— A finales de 2019, en la ciudad de Wuhan, China, comenzó a propagarse una enfermedad respiratoria desconocida que rápidamente encendió las alertas sanitarias en el mundo. En ese momento, para muchos parecía un problema lejano. Sin embargo, meses después cambiaría por completo la vida cotidiana de millones de personas.
El 27 de febrero de 2020 se confirmó el primer caso de COVID-19 en México, correspondiente a un hombre que había viajado a Italia. Días después, el virus llegó al sureste del país. El 13 de marzo de 2020 se confirmó el primer caso en Yucatán, lo que encendió las alertas en todo el estado.
En Cacalchén, las autoridades comenzaron a tomar medidas incluso antes de que el virus llegara al municipio.
Las primeras medidas
El 3 de marzo de 2020 se realizó un Consejo de Salud Municipal, en el que participaron autoridades locales, directores de escuelas y líderes religiosos. En aquel momento se hablaba de una enfermedad que estaba causando muertes en China, algo que todavía parecía distante para la comunidad.
El 10 de marzo se implementaron las primeras medidas preventivas, entre ellas el cierre de tiendas a las 10 de la noche.
El 15 de marzo, el Ayuntamiento emitió las primeras recomendaciones para prevenir contagios. Al día siguiente, el 16 de marzo, elementos de la Policía Municipal recorrieron las calles repartiendo volantes informativos, cubrebocas y gel antibacterial, con el objetivo de concientizar a la población.
El 18 de marzo, la entonces alcaldesa Abigail Pérez Vázquez se reunió con directores del Ayuntamiento para informar sobre las medidas que se aplicarían ante la emergencia sanitaria. Posteriormente se realizaron labores de limpieza y sanitización en oficinas públicas.
Ese mismo día se instalaron los primeros filtros sanitarios y se estableció que después de las 8 de la noche nadie debía permanecer en las calles.

Cierre de espacios y restricciones
Las medidas comenzaron a endurecerse.
El 23 de marzo se ordenó el cierre de bares y cantinas, así como la suspensión de eventos culturales, religiosos y sociales. Los espacios públicos también fueron cerrados y se difundieron los canales educativos por televisión para que los estudiantes continuaran sus clases desde casa.
El 28 de marzo, las luces de los parques fueron apagadas para evitar reuniones.
El 29 de marzo, el Ayuntamiento tomó una de las decisiones más comentadas en ese momento: cerrar el mercado municipal y reducir los viajes hacia la ciudad de Motul, luego de que en ese municipio se confirmara su tercer caso de coronavirus.

Los primeros apoyos y medidas sanitarias
El 3 de abril se realizó el pago a adultos mayores bajo estrictas medidas sanitarias.
El 11 de abril, la alcaldesa encabezó la entrega casa por casa de kits de limpieza y alimentos.
El 14 de abril, la Policía Municipal derramó cerveza decomisada y emitió un comunicado advirtiendo que quien fuera sorprendido vendiendo o consumiendo bebidas alcohólicas sería detenido.
El 15 de abril comenzaron a entregarse las primeras despensas enviadas por el gobierno.
El 21 de abril, el uso del cubrebocas se volvió obligatorio en el municipio.
El 24 de abril, la alcaldesa donó equipo médico al IMSS de Cacalchén, ya que los hospitales en Mérida comenzaban a saturarse.
Ese mismo día se informó sobre dos posibles casos sospechosos, que posteriormente fueron descartados.

El primer caso en Cacalchén
El 9 de mayo de 2020 llegó la noticia que muchos temían: se confirmó el primer caso de coronavirus en Cacalchén, correspondiente a una mujer del municipio.
La noticia generó preocupación entre la población. A través de redes sociales, las autoridades pidieron mantener la calma y continuar con las medidas de prevención.
El 16 de mayo se confirmó el segundo caso, y el 21 de mayo se registró el tercer contagio.
Meses de incertidumbre
En los meses siguientes los contagios continuaron apareciendo de forma gradual.
Durante junio de 2020, varios casos adicionales fueron confirmados por las autoridades de salud, lo que mantuvo a la población en constante preocupación y reforzando el uso de cubrebocas y las medidas sanitarias.
El 1 de junio, en medio de la pandemia, una tormenta tropical azotó la región, provocando lluvias durante más de 72 horas, lo que ocasionó inundaciones en varias zonas del municipio.
El 2 de julio, el Ayuntamiento instaló dos túneles sanitizantes, para que las personas que regresaban de trabajar pudieran desinfectarse.
El 17 de julio, ante el aumento de casos, se aplicaron nuevas restricciones de movilidad: después de las 10 de la noche nadie podía permanecer en la vía pública y se restableció la Ley Seca.

Cambios en la vida cotidiana
Con el paso de los meses, la pandemia transformó la vida del municipio.
Las clases se trasladaron a la televisión y posteriormente a internet. El 29 de agosto, la biblioteca municipal habilitó internet gratuito para que los estudiantes pudieran tomar sus clases en línea.
Las celebraciones también cambiaron. El 7 de septiembre fueron canceladas las fiestas patrias, incluyendo el Grito de Independencia y el desfile.
Incluso el Día de Muertos se vivió de manera distinta, ya que el cementerio permaneció cerrado para evitar aglomeraciones.
Un fin de año diferente
El 23 de diciembre de 2020, el Ayuntamiento pidió a la población celebrar la Navidad y el Año Nuevo únicamente con el núcleo familiar, evitando reuniones y fiestas.
Muchas familias recibieron el 2021 en casa, conscientes de que la pandemia aún no había terminado.
La luz al final del túnel
Después de más de un año de incertidumbre, llegó una noticia que devolvió la esperanza.
El 29 de marzo de 2021 comenzó en Cacalchén la vacunación contra el COVID-19 para adultos mayores de 60 años y más.
Decenas de abuelitos acudieron a recibir su primera dosis, marcando un momento histórico para la comunidad.
Para muchos habitantes, ese momento representó la luz al final del túnel, después de meses marcados por el miedo, la distancia y el silencio en las calles.
La pandemia cambió la historia reciente de Cacalchén, pero también dejó una lección que quedará en la memoria del pueblo: en los momentos más difíciles, la solidaridad y la unión de la comunidad fueron más fuertes que el miedo.

